En tiempos donde lo sagrado suele encasillarse en templos, formas y protocolos, la figura de Martha Candela (Marta Garce Lorenzo) irrumpe como un recordatorio incómodo y profundamente bíblico de que Dios no se somete a moldes humanos. Cantante cristiana dominicana, conocida por su estilo enérgico y poco convencional, Martha ha sido apodada como la voz del “mambo cristiano”, una mezcla atrevida de adoración pentecostal con ritmos populares que conectan directamente con la calle, el barrio y la cotidianidad del pueblo.
Su mensaje, expresado de manera cercana, coloquial y sin ornamentos religiosos, ha trascendido púlpitos y plataformas tradicionales. Se ha viralizado en redes sociales, ha llegado a escenarios como Dominicana’s Got Talent y, más recientemente, ha resonado incluso en centros de diversión. Para muchos, esto puede resultar chocante; para otros, escandaloso. Pero para quien mira desde la óptica bíblica, el fenómeno invita a una reflexión más profunda.
El tema “El Candelero”, inspirado en el libro de Números capítulo 8, no es una coincidencia artística ni un simple éxito musical. El pasaje es claro:
“Cuando enciendas las lámparas, las siete lámparas alumbrarán hacia adelante del candelero”. El candelero, hecho de oro labrado a martillo, no era solo un objeto decorativo; era un símbolo de la luz de Dios iluminando el camino del pueblo, colocada estratégicamente para alumbrar hacia adelante, hacia el futuro.
Ese simbolismo cobra una fuerza especial hoy. El mensaje del candelero habla de la luz que Dios enciende cuando llega a nuestras vidas, una luz que no pide permiso para brillar ni se limita a los espacios que consideramos “apropiados”. Que este tema suene en lugares de diversión no es un accidente: es, para muchos creyentes, una evidencia de que Dios hace las cosas como Él quiere, donde Él quiere, con quien Él quiere y en el momento que Él decide.
Martha Candela representa justamente eso: una lámpara encendida fuera del esquema tradicional, pero alineada con el propósito de alumbrar. Su música no busca agradar a la religiosidad, sino provocar encuentro. Y como en el desierto, cuando el candelero iluminaba en medio de la oscuridad, hoy su mensaje irrumpe en espacios donde pocos esperarían escuchar una palabra de fe.
En este tiempo, donde abundan las marcas humanas, el fenómeno de Martha Candela parece señalar que Dios está estableciendo sus propias marcas, recordándonos que la luz no se negocia, no se esconde y no se domestica. Simplemente alumbra. Y cuando Dios decide encender el candelero, nada —ni nadie— puede apagarlo.

Comentarios recientes